Por lo general, todo lo bueno se hace esperar y la crónica final, desde luego, no podría ser menos.
Asistimos en la Faisanera a un verdadero espectáculo. Desde la organización, inmejorable, el día, soberbio, las condiciones del campo óptimas, pasando por unos jugadores pletóricos que sufrieron y disfrutaron a partes iguales (salvo contadas excepciones ciegas de calmantes).

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